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Bienestar Organizacional

La ciencia del cierre: qué dice la neurociencia sobre terminar ciclos en los equipos laborales

Por: Alem Melinao González Cuando llega diciembre, algo curioso sucede en los equipos: las listas de pendientes siguen ahí, pero el cerebro ya no responde igual. La energía baja, la atención se dispersa y pareciera que cada tarea cuesta el doble. No es casualidad ni falta de voluntad: es biología. Y el contexto no ayuda. En Chile, 9 de cada 10 personas declara síntomas asociados al síndrome de burnout —el llamado “trabajador quemado”—, un cuadro de estrés y agotamiento extremo vinculado directamente al entorno laboral. Según el Estudio Burnout 2025 de Laborum, Chile se posiciona como el segundo con mayor incidencia de agotamiento laboral en la región. Aunque las organizaciones comienzan a reconocer el problema, aún existen brechas enormes en estrategias efectivas de prevención, cierre de ciclos y recuperación cognitiva. El resultado es evidente: profesionales que llegan a diciembre con el cerebro saturado, la motivación erosionada y la sensación persistente de no haber terminado de cerrar nada del todo. Y esa sensación tiene una explicación neurocientífica. Durante los últimos meses, el cerebro ha funcionado como un músculo en entrenamiento continuo. La fatiga cognitiva, descrita como la disminución de recursos atencionales y ejecutivos tras periodos prolongados de demanda, se acumula de manera silenciosa. Cuando el desgaste llega a cierto umbral, procesar información, resolver problemas o incluso tomar decisiones simples se vuelve significativamente más difícil. De hecho, en esta etapa del año, tareas tan básicas como responder un correo que normalmente escribirías en dos minutos pueden sentirse pesadas, eternas o abrumadoras. No es falta de disciplina: es biología. Estudios recientes muestran que la corteza prefrontal, región clave para planificar, tomar decisiones y controlar impulsos, reduce su nivel de activación bajo saturación. Esto no solo aumenta la probabilidad de errores, sino que también empuja al cerebro hacia decisiones más conservadoras y disminuye la creatividad. Al mismo tiempo aparece otro fenómeno típico de fin de año: la sensación de que aún no hemos cerrado “de verdad”. Y aquí entra en juego uno de los hallazgos más fascinantes de la psicología y la neurociencia cognitiva: el Efecto Zeigarnik. Este describe cómo el cerebro recuerda mejor lo incompleto que lo completado, manteniendo una especie de “alerta mental” para lo que dejamos pendiente. Por eso, aunque avanzamos, muchos sienten que “algo falta”. No es ansiedad personal, es un mecanismo evolutivo diseñado para evitar que dejemos tareas críticas sin terminar. A esto se suma lo que podríamos llamar la “memoria del logro”. La neurociencia ha mostrado que el cerebro consolida mejor los recuerdos positivos o significativos cuando nos detenemos a reconocerlos; es como si al cerrar el año intentara tomar una “foto mental” de lo que realmente importó. Si no hacemos esa pausa, la imagen queda borrosa y el cierre se siente incompleto. Un ejemplo simple: cuando un equipo dedica solo cinco minutos a decir en voz alta un logro y un aprendizaje, activa procesos de consolidación de memoria que ayudan a fijar esas experiencias como valiosas. Estudios sobre consolidación (p. ej., Klinzing et al., 2019, publicado en Neuron) muestran que el cerebro prioriza información relevante cuando tiene un espacio para integrarla. Cómo funciona un cierre desde el cerebro (y por qué los rituales importan) Las organizaciones suelen enfocarse en la planificación del siguiente año, pero el cerebro humano no funciona como un software que se actualiza automáticamente. Necesita rituales, pausas simbólicas y procesos conscientes que le permitan integrar lo vivido. Y la ciencia tiene algo que decir al respecto. Estudios sobre rituales en contextos laborales y educativos muestran que los actos simbólicos, aunque breves, generan mayor cohesión, sentido de propósito y claridad emocional. Un ritual funciona porque: Las pausas también juegan un rol esencial. Neurocientíficos han demostrado que incluso breves momentos de desconexión favorecen la recuperación cognitiva, permitiendo que procesos como la memoria, la toma de decisiones y la regulación emocional vuelvan a operar en equilibrio. Rituales simples (y basados en neurociencia) para cerrar el año con tu equipo ¿Y cómo se lleva todo esto a la práctica sin grandes ceremonias ni manuales de cultura? Aquí van algunas acciones simples —y respaldadas por la evidencia— que pueden transformar la forma en que tu equipo cierra el ciclo: 1. Ceremonia de 15 minutos: “Lo que dejo, lo que llevo” Cada persona comparte: Este ejercicio activa tanto memoria de logro como claridad narrativa. 2. Construir un “mural de hitos” Convertir los logros y momentos clave en un elemento visual ayuda al cerebro a integrarlos y fijarlos. La visualidad disminuye carga cognitiva y aumenta la retención. 3. Ritual de transición Puede ser tan simple como romper simbólicamente un papel con lo que se deja atrás o escribir una frase de inicio para el próximo ciclo. Estos actos generan sensación de control y reducen la ansiedad derivada de la ambigüedad. 4. Microcelebraciones sin pantallas Las celebraciones pequeñas y breves —pero sin pantallas— activan dopamina, ayudando al cerebro a registrar la experiencia como positiva. Además, la desconexión momentánea facilita la recuperación cognitiva. 5. “Cierre programado” para el Efecto Zeigarnik Si hay tareas que no se completarán este año, escríbanlas y definan la primera acción del próximo ciclo. Esto engaña positivamente al cerebro: al tener un plan, la sensación de pendiente baja y el cierre se siente más completo. Cerrar es un acto biológico, no solo organizacional El fin de año no es solo un momento administrativo: es un momento profundamente humano. Nuestros cerebros necesitan parar, integrar, ritualizar y darle sentido a lo vivido para arrancar un nuevo ciclo con energía real. Cerrar bien no es un lujo, es una inversión en salud cognitiva, cohesión y claridad para el año que comienza. ¿Cómo apoyar a tu equipo en este proceso? En Kite Group, podemos acompañar a organizaciones a diseñar cierres de ciclo conscientes, prácticos y accionables, que permiten a los equipos mirar el año con perspectiva, reforzar lo que sí funcionó y entrar al 2026 con dirección renovada. Si tu empresa quiere planificar un cierre distinto —o un arranque 2026, más claro y ordenado— conversemos. Podemos ayudarte a transformar este momento en

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